LA NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA

Nuestra cultura secularizada ha opacado el significado de las fiestas religiosas. El imperialismo culnavidad 9tural del Norte (pinos, nieve, renos y trineos) exporta su versión travestida del generoso San Nicolás de Bari. Para conmemorar el nacimiento de un Niño -en un pesebre, calentado por animales y socorrido por los “regalos” solidarios de pastores-, El Comercio organiza la Gran Venta de Fin de Año, alentando la fiebre consumista, por la cual la cuarta parte de los terrícolas acabamos vorazmente los recursos planetarios, adquiriendo mercancías superfluas artificialmente obsoletas… La Navidad actual, con sus adornos y lucecitas multicolores, semeja a una de esas esferas del arbolito: de colores brillantes y atractivos; pero frágil y vacía. ¡Pura apariencia!

No obstante este ambiente que nos envuelve a todos, la Navidad conserva aún vestigios de su origen cristiano, que sería conveniente rescatar. Dicha recuperación de sentido no parece que vaya a transitar por revivir nostalgias bucólicas en la ajetreada y anónima vida urbana (villancicos, nacimientos y pastorelas describiendo a cándidos pastorcitos con sus borreguitos). Tampoco iría por el tradicionalismo de nuestras “posadas” -“peregrinos”, “nacimientos” y “piñatas”- que otrora fueron navidad 4signo de identidad nacional y que ahora persisten, a lo más, bajo formas de folklore, que a las nuevas generaciones no les dicen nada. La Nnavidad 11avidad, proporcionando símbolos y ritos domésticos, sigue reforzando aún lasos familiares, expresando a consanguíneos y amigos nuestros mejores deseos, mediante dos recursos: el primero, alimenticio, saldremos del gran “puente de Guadalupe Reyes” con más colesterol y algunos kilitos de más, centrado justamente en la abundante cena de Nochebuena (los que aún podemos permitírnosla).

El segundo recunavidad 2rso consiste en rememorar las ilusiones de los regalos traídos por el Niño Dios, para hacernos gastar nuestro aguinaldo en regalitos superfluos o inútiles. Es verdad que para la recuperación de la Navidad, ante su pérdida de sentido, no podemos prescindir de la alegría de la fiesta y de los ritos domésticos, necesarios para afirmarla bondad de la vida; pero sin quedarnos en esto, sino más bien repensar su sentido originario, para lo cual, a modo de saludo navideño, les propongo la siguiente reflexión desde el sobredeterminante contexto actual.

El significado teológico de esta fiesta nos remota a los orígenes mismos de la aventura humana en el Planeta. Resultado de un largo proceso evolutivo, en una familia de homínidos simiescos el chomínidoserebro alcanzó condiciones de posibilidad para la libertad. El primer acto libre de toda la creación caracterizaría y daría posicionamiento a toda la especie humana, cuyas consecuencias quedarían inscritas en el ADN de los decendientes. La naciente humanidad hubiera podido optar por lo que fuera la voluntad divina -que cada miembro de la especie se corresponsabilizara de todos los demás y que los fuertes protegieran a los débiles-; pero también cabía la alternativa opuesta: que los fuertes se aprovechasen de los débiles, convirtiendo a cada humano en “lobo” de sus semejantes. Este fue el “fruto prohibido”, símbolo del Poder de Dominación, que desde los orígenes mismos de nuestra especie, se convirtió en su inclinación determinante. Dios respetó la decisión, pues siendo la libertad la que nos hace imagen y semejanza suya, todo acto libre debe ser respetado. Pero no siendo un Dios distante -que agraviado por tal decisión exigiese la expiación redentora-, sino un Dios bondadoso, que queriendo hacerse cercano, nos envió a su Hijo para mostrarnos que aún es posible reparar el proyecto inicial de fraternidad en el amor. Manifestación visible de la bondad compasiva de Dios, Jesús, el Cristo, vino a revelarnos el verdadero rostro de Dios, así como su voluntad amorosa, así en la Tierra como en el Cielo”, que concretizaría en el “Reino de Dios”, primer proyecto histórico de globalización y el futuro ideal utópico: esforzarnos para que toda la humanidad forme una única familia que tenga como Padre a Dios y en la que, consiguientemente, todos seamos hermanos.

Hecho uno de nosotros, participando de la condición humana en todo menos en el pecado, se encarnó en uno de los “últimos”, en medio de la mayor pobreza y desvalimiento. Su nacimiento mismo enseña que sólo a partir de los últimos, de los más vulnerables, es como puede pensarse cualquier proyecto válido para todos, a difeperegrinosrencia del proyecto del Poder de Dominación, que buscando la maximalización de beneficios para los más poderosos, se encierra en un coto de “exclusividad” (o sea, “exclusión”). En efecto, José, padre terreno de Jesús, fue hijo de una familia de emigrantes -parte de aquellos colonos de Judea alentados a repoblar la región de Galilea deshabitada por las deportaciones-. Por la ambición tributaria del Imperio, el censo decretado por Cesar Augusto[1] lo navidad 3obligó a un molesto viaje hasta Belén, ciudad de la dinastía davídica y origen del clan de José. En medio de las extremas carencias, en un parto ayudado de pobres pastores solidarios, nació Jesús, quien a unos cuantos días de nacido fue ya un exiliado político en Egipto. Fue desde aquellas condiciones extremas de migración y exilio que se inició el gran proyecto divino que vino a inaugurar una esperanza para los pobres de la Tierra.

El mayor problema religioso contemporáneo no es la falta de fe (hoy hay más ofertas religiosas que nunca), sino la falta de esperanza. Para la conmemoración navideña de este 2014, poseemos, como nunca antes en la historia, información demográfica bastante exacta de las necesidades humanas de toda la especie, así como de los límites de los recursos naturales con que aún cuenta nuestro Planeta, que fundamentan las proyecciones prospectivas másdron realistas. Con ello podemos imaginar un futuro probable “distópico”: en caso de no poner correctivos, el Poder de Dominación en su modalidad neoliberal, en unas cuantas décadas se podrían acabar las condiciones de posibilidad para la vida humana. Apropiándose para sus ambiciones de los aparatos tecnológicos y científicos, controla todo el sistema económico, desde la extracción irresponsable de los recursos naturales, la producción industrial -en base a la energía fósil y la utilización de grandes cantidades de agua-, el libre comercio orientado al consumismo, y contaminando con sus “desechos” tóxicos toda la naturaleza. Es apoyado por los incuestionados centros de poder económico mundial, que posibilitan que el 1% de los terrícolas (que en la mera cúspide piramidal no pasan de 85 familias, en 300 megacorporaciones) tengan una riqueza equivalente a la de la mitad de la población mundial. Como es de suponerse,trasnacio esa exigua minoría defiende su posición privilegiada mediante el control de la población, utilizando los medios de comunicación de masas para la manipulación de la opinión spypública, complementado con el espionaje total (celulares, Facebook, Internet, tarjetas de crédito) y un sofisticado armamentismo selectivo (los “robot killers”, drones teledirigidos con municiones “inteligentes” hacia algún número de teléfono celular concreto). Los “poderes fácticos” neoliberales, que tutelan toda la economía global, utilizan los aparatos de Gobierno de muchos países para consumar su proyecto necrófilo.

Concretizado todo esto, el contexto actual de nuestro país toma el nombre de un remoto poblado, Ayotzinapa, Guerrero, uno de los Estados más pobres. Punta de una enredada madeja y radiografía del Estado mexicano, nos reveló su modalidad “narcoterrorista” en que vivimos, en el que centenares de municipios (en Sinaloa, Sonora, Tamaulipas, Michoacán, Guerrero, etc.), el crimen organizado se haya coludido con las autoridades locales, y todo parece indicarlo, con conocimiento y dirección del Poder de la Federación y sus fuerzas armadas “legítimas”, aprovechando los altos niveles de injustiAyotzinapacia, desigualdad, corrupción e impunidad. Más grave aún, las recientes “reformas” del sexenio, aprobadas frívolamente  por un Congreso ajeno a los intereses de las mayorías, entregarán dentro de poco nuestros recursos naturales (comenzando por el agua) al gran capital trasnacional, arrebatándoselos a comunidades indígenas o campesinas, con la consiguiente destrucción territorial, graves perjuicios ecológicos y sanitarios, así como el mantenimiento de un salario y condiciones laborales entre los más bajos del mundo.

Todo esto hace que la Esperanza, actitud propia del Adviento y Navidad, parezca no tener ya cabida; pero cuando no hay esperanza, sólo queda espacio para el entredevoramiento, la ambición y el egoísmo, que no piensa siquiera en las futuras generaciones. Bernanos decía que cuando se llega al límite de la desesperanza total es cuando puede surgir la esperanza. Pero para que no sea una esperanza ingenua, necesita de una señal -“una doncella concebirá”-. Un niño recién nacido siempre significa algo de esperanza; con mayor razón el nacimiento de éste Niño-Dios (y su posterior resurrección),  proclamado por los coros angélicos como “una gran alegría”, la “buena noticia” que habría de ser “gloria de Dios en los Cielos y Paz en la Tierra a hombres y mujeres de buena voluntad”.

Los cristialtermundoanos estamos llamados a custodiar la esperanza realista. Para ello, hemos de estar atentos a los signos pequeños (como un bebé recién nacido) que nos permitan descubrir que “otro futuro es posible”. Sucede que el mal hace mucho ruido; pero es estéril; mientras que el bien es discreto; pero es fecundo: multitud de organizaciones, heroísmos anónimos… permiten reafirmarnos en la Esperanza (“el Reino de Dios ya está entre ustedes”). Podemos descubrir por doquiera miles y miles de pequeñas experiencias de organización al margen de los poderes estatales, cuyo gigantismo les impide el control de todo: economía solidaria, comunidades indígenas en defensa de sus recursos, colectividades de autogestión, guardias comunitarias, cultivos higropónicos, intercambio de servicios al margen del dinero bancario,defensa de derechos humanos, de las mujeres, víctimas y demás discriminados, etc. Un gran signo esperanzador es La Carta de la Tierra, elaborada con la autoridad de la ONU y que es el documento que ha recibido la más amplia consulta mundial, promoviendo un “desarrollo autosustentable”, que pueda encontrar una forma de equilibrio entre recursos y necesidades, desde una organización en la justicia y la paz. Otros signos importantes recientes son la reciente Cumbre sobre Cambio Climático tenida este mes en Lima (con todo y su falta de concreción), y el Encuentro Mundial de Movimientos Populares convocado por el Papa Francisco en el Vaticano mismo, a fines de octubre pasado. No podemos dejar de felicitarnos por el “movimiento altermundista”, que va interconectado, gracias a las redes sociales, una multitud de movimientos en todos los países, en favor de los derechos humanos, la equidad de género, la defensa de la ecología, etc. Para México, Ayotzinapa, pese a su tragedia, provocó el despertar de amplios sectores sociales, suscitó formas creativas desde las redes sociales y ahora parece ir siempre más allá, apuntando hacia una refundación del Estado, y por la situación de México, en proyección del movimiento alternativo mundial. Esto es indudablemente otro motivo más de esperanza y signo del futuro posible “eutópico” (lo que podemos hacer, con la cabeza en un futuro ideal utópico; pero con los pies en la tierra),

La celebración cristiana de la Navidad no puede prescindir de una oración contemplativa, de gratitud y propósitos de un mayor proceso natal de configuración con Cristo, aprovechando la riqueza de la liturgia; pero tampoco puede prescindir de una vivencia espiritual proyectada a la dimensión social de nuestra fe. Parece que se está dando la batalla final, entre el proyecto de muerte “distópica” del Anticristo, ahora en su versión del gobierno global neoliberal, y el proyecto “eutópico”, impulsado por “un puñado… un resto pobre y humilde”, que no da por perdido el Planeta, y que apuesta por otro México posible, organizándose en favor de una nueva democracia participativa, en la justicia, la paz y la defensa de la ecología. Sabemos que la esperanza escatológica llegará con la última venida del Señor; pero como creyentes, ignoramos cómo terminará la aventura humana en el Planeta. A cada uno nos toca hacer nuestra parte. Aprovechemos este tiempo para un boicot al conimagessumismo, para compartir algo de lo que tenemos con los necesitados (como los pastores) y para la renovación bautismal de nuestro compromiso de ir acabando con la pobreza infame de un tercio de la humanidad, Esto es la vía para recuperar el espíritu solidario de los orígenes de la fiesta. Este es mi deseo para ustedes, mis amigos. Llevemos a nuestra oración de este tiempo una visión global, que trascienda la visión “holística”, cósmica e inmanentista, y se oriente hacia la “globalización de la solidaridad”.

[1] Aunque los pasajes de la infancia de Jesús no se consideran históricos, sin embargo fueron ubicados en contextos reales. Según registros históricos, Herodes el Grande gobernó del año 34 al año 4 AC. Quien lo llevó a cabo en Palestina fue un funcionario importante, Cirenio, quien gobernó Siria del año 6 al 9 DC; aunque tal vez haya gobernado antes. Este censo provocó una revuelta entre los judíos.

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Un pensamiento en “LA NAVIDAD 2014: LA ESPERANZA

  1. Enrique, leí ya con más detenimiento esta entrada de su blog y me ha parecido bastante acertada. Me hizo recordar aquello que el Concilio del siglo pasado invitaba a hacer en la Gaudium et spes: “discernir los signos de los tiempos…”

    Deseo unas fiestas decembrinas llenas de esperanza, de esa esperanza que tenemos en ese pequeño Niño que nos nacerá…

    Un fuerte y fraterno abrazo, amigo Enrique.

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