LOS REYES MAGOS

éstrella de Belén

Los evangelios de la infancia no son considerados históricos, sino mítológicos, con fines catequéticos. Más en concreto, San Mateo se preocupa siempre en mostrar a los judíos que Jesús cumplía las profecías veterotestamentarias. Sin embargo el evangelista busco la verosimilitud en su relato, evocando escenas que tuvieran contextos realistas. Entre los moradores del desierto, había clanes nómadas de comerciantes que traficaban mercancías exóticas para las élites de las ciudades a las que llegaban: marfiles de Egipto, sedas, especias, perfumes, etc. Llevaban gente armada, para defenderse en caso de asaltantes y vivían en tiendas de campaña con cierto lujo. Los patriarcas del clan eran naturalmente los jefes ( del árabe “jeques”), que traducimos como “reyes”, connotando, en la imaginería popular, a los reyes medioevales. Ya que las dunas del desierto, con cambiantes por el los ventarrones del “simún”, no sirven de puntos de referencia, la única forma de orientarse es mirando al cielo. Las posiciones del sol y de la luna marcan los puntos cardinales; pero no basta, por lo que importa mirar las estrellas. Se dice que en aquella región es donde se pueden mirar el mayor número de estrellas, y no en balde en Asiria surgió la astrología que supone que los astros influyen en la historia personal y social. La ignorancia astronómica de la mayoría de la gente de los clanes pudo atribuir a sus jefes poder adivinatorio para guiar la caravana hacia los lugares adónde pretendían llegar, y de ahí su calificación de “magos”.

¿Podría haber algún registro en la historia astronómica que explicase este fenómeno celeste? En 1614 el astrónomo Johannes Kepler registró que una serie de 105 conjunciones de los planetas Júpiter y Saturno (hecho poco frecuente) tuvieron lugar en el año 7 AC, lo que daba impresión de una nueva estrella más luminosa. Como la superposición de ambos planetas no fue total, podría notarse una especie de flecha en una vaga dirección hacia Palestina. En las diversas culturas regionales se suponía que el nacimiento de un rey o personaje importante era predicho por el nacimiento de una estrella. Esto explicaría el cambio de ruta, para reconocer este gran personaje recién nacido.

No es difícil sacar conclusiones de este pasaje para nuestra vida espiritual. Estamos inmersos en nuestros negocios (los reyes magos, en sus rutas comerciales); pero es posible que nos encontremos un una señal que nos obligue hacer un alto y cambiar de dirección. No se tratará, por supuesto, de maravillosos signos celestes, sino de los “signos de los tiempos”, fenómenos sociales significativos que pueden indicarnos por dónde el Espíritu señala que hay que caminar para implementar la voluntad del Padre, “así en la Tierra como en el Cielo”, para que “venga a nosotros su Reino”. Fue así que tres clanes interpretaron de manera similar el fenómeno celestial, y eso los hizo encontrarse en el camino. Igualmente nosotros, al atender esos “signos” para reorientar el rumbo de nuestra vida hacia metas supraindividuales, encontraremos compañeros de viaje que podrán convertirse en amigos y hermanos en la misma causa.

La estrella se les ocultó. Entiendo esto en que una vez llegados a territorio palestino, aquel signo celeste no fue suficiente. Se requería entonces una ardua labor investigativa. Como es obvio, habría que dirigirse a Jerusalén, la capital de Israel. Toda la ciudad se conmocionó con la llegada de dichos personajes exóticos del desierto, dice Mateo, al punto que el mismo rey se entrevistó con ellos y llamó a los escribas para ver si había algún indicio en las viejas profecías, y ellos citaron la de Miqueas (5-1) quien augura que de Belén -“la más pequeña entre las ciudades de Judá”-saldría un “jeque” . Los reyes magos se encaminaron hacia allá, donde no les costó mucho indagar entre los lugareños acerca de un niño que habría nacido en circunstancias especiales. Todo mundo recordaba al niño de la cueva y el relato de los pastores. No basta un signo que nos interpela a cambiar nuestra ruta. Se precisa de la investigación disciplinada y crítica. Se trata de ese don del Espíritu Santo de “Ciencia”, para conocer mejor cómo realizaremos nuestras nuevas tareas.

Para ese entonces se esperaba la venida inminente de cierto personaje misterioso –el “Mesías”-, a quien se atribuían funciones reales, según la interpretación del Templo (un guerrero invencible, superior a David, que daría la dominancia de Israel sobre todos los pueblos). La profecía que sirvió a Mateo para recomponer el episodio es Isaías 60, 1-6, que habla de la llegada a Jerusalén de reyes, con camellos y dromedarios procedentes de remotos lugares paganos, trayendo incienso y oro; pero no tanto para reconocer el dominio de Israel, sino atraídos por una luz: el mensaje del Mesías, de paz y fraternidad, iluminará diversas culturas e incluso, para otras  religiones.

Al llegar a la casa de los parientes de José, donde se había trasladado la Sagrada Familia pasada la aglomeración del censo, “apareció de nuevo la estrella”, es decir, terminó la búsqueda insegura ante la certeza de una fe. Los viajeros no se desilusionaron al constatar que aquel Rey preclaro anunciado por la naciente estrella, era un pequeño niño pobre. Es el Niño-Dios que se “manifiesta” en los más oprimidos y empobrecidos. En este contexto podemos leer el Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz de este año, quien habla de los esclavos actuales: niños vendidos a los pescadores de Malasia  en $14 dls., para que con sus deditos desenreden las redes atoradas en los arrecifes; prostitutas nigerianas, vendidas por sus familiares o contratadas con engaños por traficantes sin escrúpulos, a quienes se les retienen sus documentos, forzadas a prestar sus servicios; emigrantes obligados a trabajar con la presión de ser entregados a la Migra en caso de no acceder; trabajadores de maquilas de Cd. Juárez, con jornadas laborales de 12 horas y con los salarios más bajos del Continente; jóvenes contratados en las prisiones por los Cárteles del crimen organizado, obligados a actuar como sicarios… En México, los inevitables 43 normalistas…

Al llegar, le mostraron su reconocimiento y le ofrecieron dones simbólicos de su tesoro –oro, incienso y mirra, que los predicadores remitían al reconocimiento como rey, dios y hombre-. Nosotros podríamos ofrecer como dones, disponibilidad para cumplir la voluntad del Padre, fidelidad a nuestro compromiso bautismal y un corazón amoroso a los sufrientes.

Todo signo es objeto de interpretaciones ambivalentes. La estrella fue bendición para los Reyes Magos y amenaza para Herodes. El Niño, así de pequeñito, tuvo enemigos de muerte, y tuvo que huir. Varios bebés fueron masacrados en su lugar; pero la promesa se salvó. En nuestra búsqueda por cumplir la voluntad divina, tendremos enemigos, las fuerzas del Anticristo, que no se detienen ni ante el asesinato de inocentes. Hemos de hacer continuamente discernimiento para buscar continuamente otros caminos, con astucia y audacia para defender la esperanza. La “Epifanía”[1] interpela nuestro caminar.

[1] “Epifanía”, palabra griega que puede traducirse como “manifestación”, “revelación”, “darse a conocer”, del verbo “faino”= brillar”.

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