PASCUA DE RESURRECCIÓN

La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe. Es importante recordar cómo fue leída por la Iglesia primitiva.

EL JUICIO DE DIOS

El pueblo de Israel –incluyendo los discípulos mismos-, se encontraban dos versiones antagónicas acerca de Jesús: ¿Quién fue este hombre tan discutido?

Jesús había deslegitimado firmemente la versión oficial de los Sumos Sacerdotes: la degradación de la Ley, su legalismo vacío y opresor del pueblo, su obsesión por la impureza ritual (la “mancha”), los enredos bíblicos de los escribas (“¡… cierran a los hombres el reino de los cielos! ¡No entran ustedes, ni dejan entrar a los que lo intentan!”). Traía una nueva propuesta religiosa, en continuidad con lo mejor de los profetas, dando prioridad al amor por encima de los holocaustos y tradiciones que habían perdido la razón de su origen. Ya hablaba más claramente, diciéndose venir de parte de Dios, e incluso, dando a entender que era Dios, su mismo Hijo.

Los Sumos Sacerdotes del Templo.- Eran las autoridades religiosas legítimas y conservaban aún mucha autoridad; también ellos hablaban en nombre de Dios. El Sanedrín, máxima autoridad, había condenado a Jesús en un juicio (si bien con varias irregularidades), acusándolo de blasfemo y de oponerse al ritual sacrificial. Es verdad que hacía incuestionables milagros que no podían atribuirse a medios naturales; pero los sacerdotes los explicaban por tener pacto con el Demonio. Ya que esta acusación la lanzaron cuando Jesús había curado a un enfermo, entonces atribuido a posesión diabólica, la acusación caía por su propio peso (Satanás expulsando a Satanás).

El pueblo eRESURRECCIÓN 1staba confundido y expectante. Las posiciones eran inconciliables y ambas se remitían al mismo Dios como a su fuente. Se esperaba entonces que Dios mismo se pronunciara; pero Dios calló. Ese silencio de Dios que Jesús en la cruz sintió como abandono. La Resurrección de Jesús fue el pronunciamiento necesario de Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles recoge varias veces el relato de la Resurrección, pudiéndose notar claramente un mismo esquema, en el que el juicio último de Jesús lo da Dios mismo, quien no estuvo de parte de los venerables Sacerdotes del Santuario, sino de parte del ajusticiado, a quien ellos mataron:

“… Jesús de Nazareth fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con los milagros, señales y prodigios que Dios realizó por su medio… A este hombre, entregado conforme a los planes y propósitos que Dios tenía de antemano, ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de paganos sin ley. Pero Dios… lo resucitó, porque la muerte no podía retenerlo …. Y todos nosotros somos testigos de ello” (Hch 2, 22-32)

 

EL TESTIMONIO

Le Resurrección de Jesús, siendo la verdad fundante de la fe, más que tratarse de un dogma abstracto, es considerada como una verdad históricresurrección 3a. Sin embargo, en la discreción de los Evangelios, no se trató de un evento público ni espectacular. Su credibilidad se remite a que hubo testigos de este hecho, y que tales testigos fueron dignos de crédito. En la narración de los Evangelios se entrevé que no tenían predisposición para aceptar alguna alucinación provocada por su expectativa. Más bien se muestra hasta cierto escepticismo. Algo confuso, es cómo fue posible que estando presente Jesús, fuese confundido por sus amigos más cercanos: Tomás tiene que meter su dedo en las llagas; María Magdalena lo confunde con el jardinero; dos discípulos que caminan 10 Kms. con Él, y lo confunden con un caminante; el núcleo más allegado de discípulos, que frustrados vuelven a la pesca, lo confunden con un desconocido que desde la orilla pudo notar mejor el cardumen… ¿Qué se nos trata de decir? ¿Qué no estaban predispuestos a aceptar una resurrección, después de haberlo visto tan espantosamente muerto? ¿O que el cuerpo de resucitados asume otra figura más espiritualizada (traspasa paredes)?

TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN

El espíritu de Cristo resucitado sigue actuando entre nosotros para continuar su obra. Este es un hecho confortante que nos gustaría pregonar. Pero aceptarlo, implica aducir al menos, signos, y como los apóstoles proclamaron su testimonio del Resucitado, dos milenios después nos toca hacerlo a nosotros. ¿Cómo podremos convertirnos actualmente en testigos suyos? Propongo cuatro actitudes:

  1. La alegríRESURRECCIÓN 2a.- Decía Chesterton que “la alegría es el gigantesco secreto de los cristianos”. Por eso decía Santa Teresa, que “un santo triste es un triste santo”. La alegría del Evangelio es la actitud preferida del Papa Francisco. De alguna forma, toda tristeza se relaciona con la muerte (la enfermedad, la ausencia o separación de un ser querido, la frustración de nuestros planes… son una antelación); pero si creemos que Cristo resucitó, la muerte ha quedado vencida y nuestra alegría es plena.
  2. La valentía.– Quien cree realmente en la Resurrección, puede afrontar con valor cualquier desafío por el Reino. Por supuesto, el valiente no es el que no tiene miedo (ese es el “temerario”), sino el que teniéndolo, no se deja llevar por él (sería el “cobarde”) y lo sabe superar. Hemos de tener miedo de nuestros miedos, que son los que nos hacen claudicar. A un cristiano miedos nadie lo ha de tomar en serio.
  3. La esperanza.– Es la virtud que nos da seguridad que las promesas se cumplirán. No se trata de una esperanza ingenua, pues ignoramos cómo se haya de cumplir. Ante la situación mundial, el principal problema religioso actual no es la falta de fe, sino la falta de esperanza. Pero si Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, significa que su utopía, el ideal por el cual vivió y por el cual murió, sigue siendo realizable y que se cumplirá. Ante este mundo de opresión y de muerte, creemos que “otro mundo es posible”, y por tanto, que vale la pena luchar por él.
  4. El amor.- Amar significa morir un poco; renunciar al egoísmo. Cuando falta la esperanza, sólo queda lugar para gozar el presente; aunque sea de forma egoísta y a costa de otros. Pero quien cree en la Resurrección puede amar más fácilmente, y esta actitud se vuelve la fuente primordial de la espiritualidad.

EL BAUTISMO

La resurrección de Jesús no es un simple “happy-end” –el triunfo final de nuestro héroe-, sino que es algo nuestro: morir con Él para resucitar con Él. Nuestro bautismo fue un “paso” (Pascua), como el de los israelitas a través del agua, de la esclavitud a la libertad; de la muerte a la vida. Desde entonces se supone que vivimos ya una vida nueva y que la muerte (la angustia ante conciencia de nuestra inexistencia en el mundo) puede quedar superada, y por tanto, podemos entregarnos más plenamente a nuestro compromiso.

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Un pensamiento en “PASCUA DE RESURRECCIÓN

  1. Muchas gracias Enrique por tu sencilla y profunda reflexión sobre la Resurrección del Señor. Fortalece mi esperanza, que es cierto, la situación actual la está afectando y mucho. Son reflexiones que abonan a nuestra vida, a nuestra práctica cotidiana. Dios te acompañe y su Espíritu te siga y nos siga, a través tuyo, iluminando.

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