DONALD TRUMP:LA ENCRUCIJADA PARA MÉXICO

Quienes pensaban que cuando aquel demente megalómano tomara posesión de la presidencia del país más poderoso de la Tierra moderaría algunas expresiones propias de su campaña, tuvieron que corregir de inmediato su predicción. A doce días de esa fecha, Donald Trump ha provocado un verdadero tsunami, y los principales actores a nivel mundial se encuentran hoy un tanto desorientados, buscando cómo posicionarse ante la nueva era que parece haber iniciado, pues el mundo ya no habrá de ser el mismo. Imagino tres escenarios, cuya viabilidad se concretaría en sucesivos momentos temporales.

  1. ¿Una alternativa posible?– El Presidente Trump desmitifica la solidez del modelo neoliberal. Aquellos axiomas acuñados por los apologistas de este modelo económico –“El Fin de la Historia”, “El Pensamiento Único”, “El Mejor de los Mundos Posibles”-, perdieron repentinamente su incuestionabilidad. Es verdad que el neoliberalismo ya desde hace algunos años presentaba signos de decadencia; pero nadie imaginaba que fuese posible tan rápido una vuelta hacia atrás en el reloj de la historia. La globalización, como fenómeno irreversible, se enfrenta ahora a un “nacional-liberalismo” (que recuerda al “nacional-socialismo” de Hitler), con el retorno de los proteccionismos, del autoritarismo y de las ideologías de ultraderecha: el racismo, el machismo, la prepotencia militarista, la irresponsabilidad ecológica…

Obviamente, el modelo trumpista –triunfante con el beneplácito de menos de una tercera parte del pueblo estadounidense- por ahora no parece viable. Amurallarse egoístamente como país, puede entusiasmar al principio; pero pronto mostrará su fracaso: los empleos no aumentarán al cerrar las empresas de México, pues los empresarios norteamericanos no estarán dispuestas a pagar a obreros estadounidenses lo que pagaban a los mexicanos, una mano de las más cualificadas y más baratas del mundo. La salida, en todo caso, sería la robotización, que es cabalmente la que más ha estado disminuyendo los empleos. Pero además, en Estados Unidos falta mano de obra: la que habrá de construir el muro, la red de carreteras e infraestructura prometida, que los blancos no están dispuestos a realizar. Encarecer los costos de producción y juntamente, grabar con altos aranceles las importaciones de México se revertirá a los consumidores, con lo que quienes votaron por Trump no elevarán su nivel de vida y más pronto que tarde quedarán desilusionados. Además, el Presidente tendrá que enfrentar a las megacorporaciones, a una oposición interna muy numerosa y organizada, a miembros prominentes de su propio Partido, a la gran prensa, etc.

Además de lo anterior, Estados Unidos tendrá que enfrentar la oposición internacional. La recomposición geopolítica resulta todavía incierta. En buena parte depende de las alianzas que decida establecer Rusia. No está aún claro si este país se acerque a la Unión Europea para formar un bloque, o si más bien se acerque a China con mayor afinidad ideológica. Parece que a Trump le agradaría mayor vinculación a Rusia (contra la posición de Obama); pero para ello debería aprobar la política de Putin sobre Ucrania y Crimea, así como sobre Irán. Estados Unidos y China parecen estar destinados a ser socios económicos, quizás repartiéndose zonas de influencia, y respecto al Medio Oriente, tratará de acabar con el Estado Islámico; pero sin comprender aún bien su fuerza y sus apoyos. Existe temor de que su personalidad enloquecida pudiera apretar en algún momento el botón de la bomba nuclear.

  1. La alternativa probable.-Trump seguramente sabe que después de una entrada radical tendrá que ir suavizando su postura. A fin de cuentas, tanto lo político como lo ideológico resultan sobredeterminados por la economía, y Trump, antes que “terminator” es “negociator” (Slim dixit). Lo más probable es que la fisura entre las élites plutocráticas se vaya restaurando; que Trump modere sus propuestas, adecúe su programa y renegocie con la vilipendiada clase política hegemónica, de modo que sus intereses personales se incrementen. Para la recomposición de alianzas internacionales, pareciera jugar con círculos concéntricos: el círculo más próximo podría ser la “anglósfera” de raza blanca (Gran Bretaña, Australia, Nueva Zelanda, Israel). Un segundo circulo podría ser la Unión Europea (quizás con Rusia incluida) y un tercero, las potencias asiáticas (con China, Nueva Zelanda y Japón). Estaríamos hablando entonces del reforzamiento de las grandes potencias mundiales, pertrechadas detrás de un muro proteccionista y xenófobo, con intercambios comerciales bilaterales; pero impidiendo la entrada a emigrantes (salvo los “esclavos” necesarios). Este sector –el 20% consumista mundial- se desatendería de la suerte del resto del mundo (incluyendo las economías “emergentes”), salvo para apoderarse de los recursos naturales concentrados en el Sur, conforme a los maquiavélicos planes del FMI y del BM denunciados por el premio nobel en Economía Joseph Stiglitz. Su indiferencia suicida se extendería incluso al futuro del Planeta, ignorando el calentamiento global. De este modo, el inviable modelo declarativo de Trump finalmente derivará en formas aún más crueles, cínicas y radicales de la globalización neoliberal, con la pauperización creciente de dos tercios dela humanidad. Esto mismo es ya signo de decadencia del Imperio: según la tesis de Gramsci, la hegemonía de un grupo se da mediante la coerción y el consenso; la dirigencia y la dominación. Ahora bien, cuando ese grupo inicia su decadencia frente a otro sujeto histórico emergente, pierde la dirigencia y entonces tiende a reforzar la dominación cínica, el recurso a la fuerza.

 

  1. La alternativa deseable.- Paradójicamente, la coyuntura que abre Donald Trump puede resultar esperanzadora. Le asesta un buen golpe al modelo neoliberal hegemónico, sin presentar un modelo político viable. Ante esta inelegible alternativa pareciera lógico mirar hacia otra dirección, que a largo plazo y como objetivo último apuntaría hacia una globalización “ecosocialista”. Por primera vez en la historia conocemos con bastante precisión las proyecciones demográficas y las necesidades que tendrán las futuras generaciones para una vida sencilla, no consumista, pero mínimamente digna. Además conocemos más o menos bien el estado de los recursos naturales no renovables con que cuenta el Planeta, así como las posibilidades y costos para otros recursos renovables, tales como la energía solar. Desechando la irracional desigualdad del proceso económico neoliberal actual -ocho personas poseen una riqueza equiparable a la de la mitad más pobre del Planeta-, así como la destrucción implacable de la ecología (agua, calentamiento global, diversidad de especies), la economía planetaria sólo podrá lograrse partiendo de los sectores más vulnerables, es decir, para una “globalización desde la solidaridad”.

 

  1. La coyuntura mexicana.- A nuestro país tocó el fatal destino geográfico de compartir 3,000 kms. de frontera con el país más poderoso de la Tierra; “vecinos distantes” suyos, hemos sido a la vez víctimas de agravios y aliados naturales. Aprovechando la coyuntura de la II Guerra Mundial, nos beneficiamos con la política de “sustitución de importaciones”; hemos defendido con dignidad nuestra soberanía nacional y a mediados del siglo pasado contribuimos con los “enganchadores” de “braceros”. Esto permitió el modelo económico del “desarrollo estabilizador”, bastante exitoso, de crecimiento con estabilidad (el “milagro mexicano” de Beteta). Sin embargo, ante la complejidad de las relaciones mundiales, dicho modelo fue entrando en descomposición, y en los últimos treinta años nuestros Gobernantes nos fueron adaptando hacia la globalización neoliberal. Con el mercado internacional como como apuesta, el resultado ha sido la concentración de las exportaciones al mercado estadunidense (el 80%), la reducción del salario en México en un 75% acumulado, la privatización de los servicios y empresas públicas, el abandono del mercado interno, el aislamiento respecto a Latinoamérica, el agotamiento de las reservas acuíferas del Bajío (la producción de cada auto requiere entre medio millón y un millón de litros cúbicos de agua). Ahora caemos en la cuenta del nivel de dependencia en que caímos respecto a nuestros vecinos del Norte: el Tratado de Libre Comercio (TLCAN) -impuesto por Carlos Salinas y cuestionado desde antes de su firma por muchos analistas- nos amarró a ellos; la migración fungió como válvula de escape ante el desempleo y perdimos nuestra autosuficiencia alimentaria (importamos maíz transgénico). Cualificamos a nuestros trabajadores para enriquecer a las grandes empresas extranjeras con las maquilas de la Frontera o con la industria automotriz, en condiciones laborales de semi-esclavismo. Las llamadas “Reformas Estructurales” del sexenio peñista entregaron nuestro suelo a las compañías mineras canadienses, y empobrecieron a PEMEX para rematar el petróleo al extranjero, importando caro la gasolina que podríamos refinar aquí. La población se empobreció (más de la mitad se encuentran en esta situación de pobreza, con un 15% en pobreza extrema). A la política económica de Hacienda no le importó la suerte de los ciudadanos mexicanos, sino complacer a la oligarquía mundial con provecho de una clase política que utiliza el aparato del Gobierno como negocio personal. La corrupción creció exponencialmente, descomponiendo las Instituciones y fomentando la impunidad en aras de sus mezquinos beneficios. Esto permitió el crecimiento exponencial del crimen organizado, para el trasiego de droga hacia los consumidores estadounidenses, y produjo una violencia nunca antes vista en esta modalidad (desapariciones, secuestros, extorciones, tortura, desplazamientos forzados, robos, etc.). Juntamente con la corrupción, la ignorancia e impericia de la clase gobernante, así como otros hechos emblemáticos (Ayotzinapa, Tlatlaya, CNTE, Casa Blanca, supersueldos y superprestaciones de funcionarios, etc.)… Todo esto engendró la crispación social, la pérdida de confianza en las Instituciones (incluyendo en los Partidos Políticos) y la desaprobación generalizada al Presidente (apenas un 12%).

 

Los primeros 100 días de cualquier nuevo Gobierno suelen ser “de gracia” y de hechos más bien mediáticos; pero la imagen que le convenía dar Trump a sus votantes era la de una personalidad firme, decidida y confiada, que habría de sacudir a la clase política profesional. Por lo mismo, necesitaba de inicio mostrar que cumpliría en serio sus propuestas. Ya que le resultaba difícil demostrar esto en contextos de geopolítica mundial o de complejas negociaciones políticas internas, lo más más fácil para sus fines demagógicos era apuntar hacia México (contra quien, además, guardaba rencores y animadversiones personales por fracasos de sus negocios). Su olfato de bestia feroz pronto le tomó la medida al debilitado Presidente del país vecino, de modo que sus primeros actos de Gobierno -la firma aprobatoria para la construcción del muro, las disposiciones antimigratorias y el publicitado anuncio de “revisar” el Tratado de Libre Comercio (TLCAN)- se dirigieron contra México (A Canadá esto le tiene sin cuidado: “queremos mucho a nuestros amigos mexicanos; pero primero son nuestros intereses económicos. Ellos están colgados de los pies desde un rascacielos, nosotros no”). Las recientes leyes con las que se criminaliza la migración y organiza una cacería de “delincuentes” para expulsarlos ya están provocando un repunte del racismo que nunca fue superado por nuestros vecinos. El Gobierno se compromete a defenderlos en los consulados; pero los mexicanos del otro lado del “muro” difícilmente lo van a creer. Disminución de remesas, cierre de la válvula de escape del problema de desempleo, inseguridad de las maquilas en la zona fronteriza, cierre de empresas automotrices y disposición del cobro del 20% a las exportaciones… son estos apenas algunos de los problemas que se avecinan. Activo tuitero, en estos días no ha dejado de ofender a los mexicanos, recurriendo sin recato al insulto, la mentira, el menosprecio… y ¡hasta la amenaza de invasión ante la supuesta o cómplice cobardía de nuestro ejército! La reacción espontánea, generosa y digna, fue presentar un frente compacto y unido en defensa de nuestra soberanía nacional. Sin embargo, esto obliga a un cuidadoso discernimiento de la actual coyuntura, en la que se distinguen dos actitudes claramente divergentes:

 

  1. Adaptación al nuevo modelo hegemónico.- La alternativa que parece estarse implementando es la postura de repliegue a nuestro nacionalismo tradicional (las banderas en los perfiles del Facebook). Pero hay que advertir que los nacionalismos se prestan a la fácil manipulación ideológica en aras de la defensa de intereses del grupo dominante. El Gobierno pudiera calcular que ante la amenaza de un enemigo común, vaya a tener posibilidades de recuperar cierto apoyo, al menos funcional, en su deteriorada imagen. Pero para que esto se diera, sería necesaria una postura de firmeza y dignidad (supuesto el prudente cuidado de las formas); pero el mensaje que ha estado dando nuestro Presidente no va en esta dirección, comenzando con el nombramiento de su Secretario de Relaciones Exteriores, quien no es –como sería de esperarse – algún viejo zorro colmilludo de la diplomacia, sino un “aprendiz”, llegando obsequiosamente a la toma de posesión del Presidente, llevando como presente y con moño tricolor, al criminal más buscado (debieron, por lo menos, esperar siquiera un mes). El “sospechosismo” de muchos los mexicanos recela que lo que realmente importa al grupo íntimo del Presidente no son los intereses de México, sino sus eventuales provechos personales (a lo más, mostrará una posición negociadora para cuidar su imagen externa; pero sin resistir demasiado). En resumen, esta posición –que seguramente irá siendo compartida en mayor o menor grado por las clases dominantes en la política y en la economía- se conformará con negociaciones que suavicen algunos inconvenientes y que recomponga la política neoliberal que se ha seguido hasta ahora; aunque seguramente se hará aún más rígida. La clase política se da cuenta que está perdiendo la hegemonía, la dirigencia y ya piensa reforzar la dominación cínica y da la impresión que la premura para una nueva ley de seguridad tenga como finalidad dar una supuesta legalidad a la represión militar.

 

  1. Hacia un nuevo modelo.- La otra alternativa es más adecuada y esperanzadora: se trata de aprovechar la coyuntura de Trump para zafarnos de la situación de dependencia que nos ha estado hundiendo hasta límites intolerables, para integrar otro tipo alterno de unidad, que se oponga no sólo a la nueva política estadounidense, sino a la situación interna actual: a la partidocracia, a la clase política mercenaria y separada del pueblo, a las empresas ligadas al capital trasnacional, a la cultura de corrupción, impunidad y violencia. Lo que el sentido común dictaría es disminuir nuestra dependencia respecto a nuestros vecinos del Norte y mirar más hacia el Sur. Lamentablemente, mientras Peña Nieto se preparaba para asistir a la frustrada entrevista con Trump del 31 de enero, en Puerto Rico estaba reunido la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), a la que nuestro Presidente se excusó de asistir. Al cuestionar un “libre mercado globalizado”, tendríamos primeramente que replegarnos sobre nosotros mismos y priorizar el mercado interno, lo que implica aumentar los salarios para que exista mayor posibilidad de consumo. Esto no quiere decir “amurallarnos” mirando hacia atrás, sino más bien abrirnos a nuevos mercados más paritarios y equitativos (el ACLA, por ejemplo).

 

Habiendo aprendido la lección, no se trataría de ponernos en manos de un capitalismo nacional (los egoísmos y las ambiciones no tienen patria), sino replantear la economía del país a partir de los más empobrecidos (los campesinos, los trabajadores, los desempleados), lo cual lleva a una auténtica reforma tributaria para grabar más a los grandes capitales: en México 10 superricos concentran 133 mil millones de dólares; 12 millones concentran la mitad del ingreso total; mientras hay 64 millones de habitantes en la pobreza (el mismo 53% de la población que hace 25 años) y 108 millones viven con el resto. Sólo construyendo un México más justo podremos enfrentar los desafíos mundiales; pero no lo lograremos mientras no nos vinculemos a otros movimientos similares a nivel mundial (“la globalización de la solidaridad”, a la que nos invitaba San Juan Pablo II).

 

Construir este muevo modelo llevará tiempo y no será posible sin mucho sufrimiento y conflictos profundos. Exige, por tanto, de paciencia, audacia y prudencia. Teniendo claro el objetivo último, habrá que pensar en metas de más corto plazo -el más próximo será la coyuntura electoral del 2018-. Lo que ya se percibe es un sentimiento de hartazgo generalizado; de repudio a la clase política en su conjunto, que convirtieron el servicio público en negocios privados, abriendo causes a la corrupción, la impunidad, la violencia y el soborno. También notamos que la sociedad civil mexicana ha ido madurando, acumulando experiencia, vinculándose y organizándose a niveles cada vez más profundos y extensos. Cada vez más personas y organizaciones anhelamos un frente amplio, al que estarían llamadas todas las fuerzas o personas antineoliberales. Este sería el proceso de unidad nacional-popular que mejor podría enfrentar a las amenazas del Sr Trump.

 

Al escribir esto me entero con esperanza del “Llamado por México: Lineamientos Generales de un proyecto de país”, lanzado el 4 de febrero –víspera del Centenario de nuestra Carta Magna-, con asistencia del padre Alejandro Solalinde, el senador Miguel Barbosa, Alberto Patishtán, Emilio Álvarez Icaza; los actores Gael García Bernal, Daniel Giménez Cacho, Blanca Guerra; Alejandra Barrales (presidenta del PRD) y Dante Delgado (coordinador nacional de Movimiento Ciudadano), entre otros. Probablemente este movimiento pudiera derivar hacia un nuevo Constituyente, al que han estado convocando personeros como Mons. Raúl Vera o Cuauhtémoc Cárdenas. Pienso que facilitaría este Frente amplio el que no fuera dirigido por Partidos políticos o por caudillos connotados, a fin de no provocar recelos.

 

 

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