¿Por qué la imagen de la atalaya?

Es de noche. En la fortificación descansa la tropa, tensa por los enemigos que continuamente la asedian. En la parte más alta está la atalaya. El centinela está de guardia, evitando que lo venza el sueño, pues le toca estar “en vigilia”, “vigilando”, escrutando la noche, atento a cualquier ruido o lucecilla sospechosa. Al descubrir un sigiloso enemigo, dará la voz de “alerta”, con el clarín, para que no sorprenda a sus compañeros. Pero ahora tiene sueño, y espera impaciente a que amanezca, para ser relevado. Es la misma espera impaciente del creyente a la voz de Dios: “Mi vida aguarda a mi Señor, más que el centinela a la aurora” (Salm 130, 6). Otra imagen es la del velero surcando el mar. En el “carajo” -el mástil más alto del barco- el vigía, con su catalejo, observa si hay “tierra a la vista” o los temibles filibusteros. Reconociéndome en Ezequiel: “…Te he puesto de centinela en la casa de Israel. Cuando escuches la palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte…” (Ez 3, 17-18), también yo escudriño los “Signos de los Tiempos”, en la política, la religión o la cultura. Este blog será mi privilegiada atalaya del cura vigilante, atento para alertar sobre el “Kayrós” o “paso del Señor”, en este momento histórico y en el crepúsculo de mi vida. Les ofrezco mi material, esperando que les sea de utilidad.

 

 

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